Cuan bueno fuera Dios
que nos llevara a los dos
a donde posa mi padre.
Y, allí, exentos de culpa
y libres de todo mal...
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Manuel Amigo Amigo, labrador de
Fuentespreadas, soltero, culto, poeta, versificador de gracejo natural, hizo muchísimos versos que, desgraciadamente, un tal
Antonio Cavero, farmacéutico en
Madrid, nacido en el pueblo zamorano de
Jambrina, se llevó la mayoría de ellos con la promesa de editárselos. No sabemos si hizo tal cosa. Solo que no se los devolvió. Si
Manuel Amigo Amigo se arrepintió de dárselos tampoco lo sabemos. Ni lo sabremos nunca porque murió hace muchos años. Suponemos que el boticario esté también criando malvas. Y quizás maldecido por la diosa de la
Poesía. O no. Estos cinco versos los hemos rescatados de la memoria de
Candelas Amigo Zamorano que se los enseñó su madre
Clementina Zamorano Amigo. Ella los aprendió del autor que era su tío y con el que vivió muchos años hasta que el poeta murió. El título corresponde al rótulo que el poeta puso a una parte de sus poemas. Los puntos suspensivos significan que continuaba pero no saben cómo.