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viernes, 5 de agosto de 2011

Relación tercera para Pedro. Fiesta del Gallo 1945 (*) (1)


Gallo que en mi muladar
cantabas el otro día,
despídete de tu tía
que poco vas a durar.


Da recuerdos a Gregorio
que si piensa casarse
no vaya a hacer un bodrio,
pues partiendo de su clase
muy bien se siente un Tenorio
sin fijarse en lo que hace.


Sabes que soy un cualquiera,
pues no dudes que mi historia
dejará al mundo memoria
por gallardo y calavera.


A quien quise, provoqué;
con quien quise, me batí;
a las mujeres busqué
y siempre solo me vi,
pues nunca jamás probé
el querer de una gachí.


Un consejo voy a darte
por si lo quieres tomar
y piensa que de aconsejarte
es que no te quiero mal.


A por novia fui a Motril
porque en Motril hay mujeres
hermosa como un abril
que te darán sus quereres.


Si no mira a Rafael,
que consiguió mujer bella
y gozó luna de miel
porque a Motril fue a por ella.


Gallo de mil colorines,
ya nadie se llama a engaño,
tu fuiste el de los pasquines
que aparecieron antaño.


Nadie de ti creería
que un caballero de España
su prestigio perdería
con tal incivil patraña.


Que el ostentar pundonor
exige mas altos fines
y de España en los confines
lo primero es el honor.


Yo que romántico soy
y centro del amor emporio,
huérfano de amor estoy,
no merezco ser Tenorio.


Tu que parlas mas que un loro
le digiste a la Gregoria
que por las calles del oro
doy mas vueltas que una noria.


Poco vale mi porfía,
pues la niña se amostaza
por consejos de su tía
y me dio unas calabazas...


Tu viste a don Nicanor,
que haciendo a su gusto ley
iba a tocar el tambor
a la alameda del rey.


Y harto de tu gansada...
¿cuándo voy a ver el fin?
hoy le pido a Serafín,
de cuando fue rey, la espada


para batirme contigo
y matándote, traidor,
quedará el mundo mejor
libre de tal enemigo.

(*) Poeta, bardo, vate o coplero: Faustino Parriego, Santa Clara de Avedillo (Zamora), 1945
(1) Relación proporcionada por el profesor Angel Parriego y su amable esposa María Jesús.

Faustino Parriego: (*): Ser o no ser (1)


Busco el ser en mi ser y de mi huyo,
hundido en el vacío me deshago;
luego miro hacia arriba y me rehago
porque Dios no me mengúe en lo que es suyo.

Es el alma en el cuerpo y no se toca,
en la acción o inacción hace o deshace.
Se llama voluntad cuando le place
y es resorte en el ser que a ser provoca.

Yo, buscando la forma me entretuve,
de hacer ser en el ser, que es lo mas cuerdo
y en tales conclusiones me mantuve;

que si no fui en mi ser, es que fui lerdo
y aquí viviendo poca vida tuve,
si no vivo después de que esté muerto.

(*) Faustino Parriego, Santa Clara de Avedillo (Zamora), 1974
(1) Poema proporcionado por el profesor Angel Parriego y su esposa Mª Jesús Orejón

Faustino Parriego: (*): Consejo a los mayores




Mientras se ha de preparar
mi mujer saya y toquilla,
yo busco a quien arrendar
por tres meses la moquilla.

El invierno traicionero
se mete por el atajo
y nos va a costar trabajo
subir la cuesta de enero.

Ya empiezan a dar la matraca
los achises al compás,
con esputos sin parar
y la tos como carraca.

A los viejos voy a dar
un consejo muy loable,
que es facilmente aplicable
y lo pueden practicar.

Piensen que no es desatino
que al cuerpo, con averías,
hay que darle calorías
con inyecciones de vino.

Pues si tose a cada hora,
o si viene con catarro,
quédese cerca del jarro,
y verá como mejora.

Ahora, cuando el frío pega,
déjese en paz de jarabes:
arremeta al muslo de ave
y al tinto de su bodega.

Para el invierno pasar
arrimadito a la lumbre, 
eche al jarro medio azumbre
y no deje de soplar.


Mientras se ha de preparar
mi mujer saya y toquilla,
yo busco a quien arrendar
por tres meses la moquilla.


El invierno traicionero
se mete por el atajo
y nos va a costar trabajo
subir la cuesta de enero.


Ya empiezan a dar la matraca
los achises al compás,
con esputos sin parar
y la tos como carraca.


A los viejos voy a dar
un consejo muy loable,
que es facilmente aplicable
y lo pueden practicar.


Piensen que no es desatino
que al cuerpo, con averías,
hay que darle calorías
con inyecciones de vino.


Pues si tose a cada hora,
o si viene con catarro,
quédese cerca del jarro,
y verá como mejora.


Ahora, cuando el frío pega,
déjese en paz de jarabes:
arremeta al muslo de ave
y al tinto de su bodega.


Para el invierno pasar
arrimadito a la lumbre, 
eche al jarro medio azumbre
y no deje de soplar.


(*) Faustino Parriego, Santa Clara de Avedillo (Zamora), 1975

Faustino Parriego: (*): Desigualdades


Las cosas del campo sin duda van mal
pues el trigo no sube en proporción al pan.


Al campo con promesas se le enjuaga
y solo con el olvido se le paga.


Todos alardean de cordura
y dejan que se muera la agricultura.


Menos mal que, en remedio a nuestros males,
funcionando están las cajas rurales,
que pagan, al dos y medio el siniestro
y cobran, al cuatro por lo que es nuestro.


Del politicastro brilla la pericia
y España se hunde en la injusticia.


Aunque el empeñarse pueda ser funesto.
No importa si sube el presupuesto
que garantice los sueldos estelares
de políticos y cargos militares.


Hace poco un político cretino
preguntaba a un honrado campesino:
-¿Cómo evitar chantajes y extremismos?
-¿Qué cómo?: Empezando por ti mismo.


Pagas y sueldos de privilegiados
son vergüenza de los hombres honrados,
que ven en la inflacción y la patraña
envuelto el barco en que navega España.

(*) Faustino Parriego, Santa Clara de Avedillo (Zaamora), 1962

Faustino Parriego (*): Día de Todos los Santos


Día de Todos los Santos,
día de muchas visita
a todos los camposantos.

A los que ya fenecieron.
Y a ponernos sobre aviso
delante nosotros mismos...

¡Qué triste está el cementerio
como remanso de paz
del que duerme el sueño eterno!

Día de Todos los Santos.
Las tumbas están cubiertas
de crisantemos y nardos.

Se han encendido las luces
y, al peso de las coronas,
casi se doblan las cruces.

Las mujeres enlutadas
parecen cosa olvidada.
Con los cuerpos encogidos
y las caras alargadas,
doloridas, angustiadas,
se disponen a rezar
sobre las tumbas sagradas,
con lágrimas contenidas
que son cual perlas mojadas
al borde de las pupilas.

Allí se ve a muchos hijos
en las tumbas de sus padres;
y allí se ven a las madres
en las tumbas de sus hijos;
y todos, deudos y amigos,
por el amor fraternal
en el dolor van unidos.

Un farol se ve brillar
que lleva una cinta negra
cual símbolo de pesar.
Si piensas como mortal
que habrás de andar el camino
que anduvieron los demás.
Si el tiempo, que es huracán,
lleva en un soplo la vida,
contempla como se van
las hojas que el viento arrastra
y para su pudridero
viene el arado y las tapa...

Así, en la hora postrera,
se van los cuerpos humanos
a pudrirse bajo tierra.
Por eso cree y respeta
que el arado viene en marcha
para tapar la hoja seca.

En esta triste jornada
ver una tumba sin flores
parece cosa olvidada.

Ha terminado el Rosario (sic)
y las gentes, cabizbajas,
pensativas, van marchando.

Las luces se han apagado
y muy triste, el cementerio,
ya muy solo se ha quedado.
...
Ya los monaguillos
recogen las velas,
quedan los cipreses
como centinelas.

(*) Faustino Parriego, Santa Clara de Avedillo (Zamora), 1967

jueves, 4 de agosto de 2011

Faustino Parriego (*): Luisa en la era


Va a la era muy deprisa
y, una vez que está en la era,
ya no tiene prisa Luisa.
La parva está amontonada.
Solo falta que barrer
y, ella, sin dar escobada.


Por fin su madre... -'Preciosa,
yo creo que hemos venido
a barrer y no a otra cosa.


-Madre, ahora barreré.


Y disimula mirando
al sitio que yo me sé.


Bajando por la rodera,
a unos trescientos pasos,
sabemos que hay otra era.
Y allí se van las miradas
de obstáculos a través
y mieses amontonadas.


-Pero hija, ¿qué te pasa?
Tienes la mirada turbia,
la cara como una brasa.


-Será porque me cegué.


-Pero si quieres marcharte
yo sola terminaré.


-Usted puede irse, madre,
a ir preparando la cena
para cuando venga padre.


Por fin su madre marchó.
Y ella, de cuatro escobadas,
lo que faltaba, barrió.


Como estaba obscureciendo
nosotros ver no pudimos
que pudo estar ocurriendo,
pero una vieja arrugada
dijo que, por la rodera,
Luisa bajó acompañada.


Le llegó de los rastrojos,
cuando el sol ya no lucía,
lo que dio brillo a sus ojos.
Pues si de un pesar las huellas
hubo, pronto se borraron
con perspectivas mas bellas.


Ya en su casa, penetró
radiante porque llevaba
el sol en su corazón.


-¡Hija!, esto es otra cosa;
tus ojos son dos luceros
y tu cara es una rosa.


A su madre, sin enojos,
la besó y ésta comprendió
que... no hubo nada en el ojo.

 (*) Faustino Parriego, Santa Clara de Avedillo (Zamora), 1968

Faustino Parriego (*): Pipas en el bar (1)


-¡Camarero!, una escobilla.
-¿Para qué?, ¿puedo saber?
-Señor, ¿para qué va a ser?:
para limpiar esta silla.
-Déjese de pamplinillas
que hay otras desocupadas.
-Las veo, pero infectadas
por esta vulgar semilla.
-No las tache, por favor.
Pues son como un instrumento
que mata el aburrimiento
del público roedor.
Las pipas aquí convienen;
si los programas cojean
las gentes que cotillean
cascándolas se entretienen.


Desde el niño a la señora,
veo desde el rinconcillo,
escupen por el colmillo
como una ametralladora.


Un grupo se divertía
mientras sus pipas cascaba;
y hasta mi cara llegana
las cáscaras que escupían.


-¿Y dice que nos las tache?
¿Es que las voy a alabar?
¿No comprende que en el bar
de la higiene son un bache?
¿Y no es para mosquearse
que en un bar de campanillas,
estén sobrando las sillas
y no haya donde sentarse?


Sillas y mesas están
cubiertas por esta plaga,
como una lepra que llaga
el barniz y el tafetán.


Así, las amas atentas,
que la ropa han de cuidar,
nos dicen: 'si vas al bar
mira bien donde te sientas'.


Ni extraña, ni maravilla,
que yo, cuando voy al bar,
para el asiento limpiar,
solicite una escobilla.

(*) Faustino Parriego, Santa Clara de Avedillo (Zamora), 1960
(1) Poema proporcionado por el profesor Angel Parriego y su esposa Mª Jesús Orejón

Faustino Parriego(*): Canto a la Primavera (1)


I
No llores, pues, Narciso, en la ribera
del valle Montegordo,
cuando ya un rumor sordo
palpita, soñador, en la pradera,
como anuncio feliz de primavera.


En la lucha del calor y el frío
que rompe los cristales
del hielo, en espirales,
al deshacer las gotas del rocío
como perlas disueltas en un río.


El día se hace dueño de la noche
achicando su sombra,
mudanza que se asombra,
cuando el día, que luce con derroche,
vuelve a matar la noche en su reproche.


Busca por la mañana la ladera,
por el lado de Oriente,
ya que de Occidente,
al giro operatorio de la esfera,
solo el calor de la tarde recupera.


Mira al anochecer, Venus embiste
con fuerza arrolladora,
mientras que Martes llora,
cegado por su luz que se resiste,
como enamorado siempre triste.


Yo sé también que vives amargado
por el amor vivido
que tienes en olvido.
Si produjo el hastío lo logrado,
hoy no tenerlo te hace desgraciado.


Respetando la viña de Dondiego
sigue por el collado,
las yemas se han hinchado
al calor de natura puesta en juego
y el morisco será veneno y fuego.


Conduzco tu ganado hasta Las Matas,
allí está la laguna,
donde sed inoportuna
saciar pueden, metidas de patas,
las ovejas sumisas y beatas.


No creas viejas lenguas que corrieron,
y fueron cuentos tantos
de posibles encantos,
cuando los viejos tiempos ya se fueron,
que diz, por encantada la tuvieron.


Dicen que una 'sirena' (dic) fue avistada,
que los pastores la vieron
y que ante ella se rindieron;
mas por nadie fue besada
que no fuera la luna plateada.


Nadie pudo jamás verla de día
pues, cegado en su suerte,
por otra luz mas fuerte,
fue perla que de noche relucía
porque la luz del sol no resistía.


No te atormentes con esas historias
que en fantasías tuve
y al margen me mantuve,
haz de lo real escudo de tus glorias
y no tendrán por vanas tus memorias.


II
Porque veas tu cuerpo regalado,
ya buscando la siesta,
bajo la encina enhiesta,
colocarás tu pastoril estrado
de lirios y amapolas coronado.


Cuida, pues, con esmero, a tus mastines,
los que enmiendan tus yerros,
inteligentes perros,
importados acá de otros confines,
siempre leales fueron, nunca ruines.


Gústame verlos, uno a cada lado,
conduciendo el rebaño,
y en tal punto me extraño,
que distinguen la viña del collado
y lo mismo el barbecho que el sembrado.


Así llegan a las arriguerinas, (sic) (2)
del ganado paraíso,
donde te diré, Narciso,
que en el mundo no verás hierbas mas finas
por los montes, los valles, las colinas.


Y allí descansan felices con sus cosas,
tumbados en la hierba,
que fresca se conserva,
viendo como las bellas mariposas
van libando, en las flores, primorosas.


III


Por contraste de luces y colores,
en la otra orilla amena
llora tu Filomena.
El rosa de su invierno no echa flores,
sin la luz y el calor de tus amores.


En el nombre del Señor, no estés remiso,
rompe ya la cadena
que al silencio condena.
Vuelve a ella tus ojos, ¡oh Narciso!,
y ella será el Edén, que Dios lo quiso.


¿Por qué tu pesimismo no sacudes?
La escabrosa vereda
será mas llevadera,
siempre que el optimismo te procures,
y, si el amor anda en ellos, no lo dudes.


No dejes de querer lo que ella quiere,
porque, si mal no arguyo,
este silencio tuyo
mata, en su corazón, lo que prefiere,
mientras que, el tuyo, por lo mismo muere.


Vuelve a tañer la gaita postergada,
en el zurrón metida
tanto tiempo, dormida,
y una canción de vida, en la cañada,
sea de nuevo encanto de tu amada,


El silencio de ayer fue una locura,
y rota la cadena
verás que Filomena,
con tu canción de amor, sentida y pura,
a volver a tus brazos se apresura.


Cuando vuelve de nuevo la delicia
de su amor en olvido,
que daba por perdido,
su corazón, ardiente de Fenicia,
se abre como una rosa a tu caricia.


Mira como sonríe la fontana
con alegre embeleso,
cuando el sol, con un beso,
se filtra en su cristal, cada mañana,
saturado de perfumes, oro y grana.


De igual modo sonríe Filomena,
con muecas de embelesos
al calor de tus besos,
prisionera de amor, miel es su pena,
que es cadena de amor, dulce cadena.


Ya eres feliz del Coto a la Melera,
lo dicen las corrientes
de cantarinas fuentes,
me lo dice el balar de la cordera,
y el cantar de la alondra mañanera.


Y asegurando el paso en la pradera,
con hogaza morena
y amor de Filomena,
no llores ya, Narciso, en la ribera;
gracias a Dios llegó la primavera.

(*) Faustino Parriego, Santa Clara de Avedillo (Zamora) Abril de 1974
(1) Poema proporcionado por el profesor Angel Parriego y su esposa Mª Jesús Orejón
(2) 'Arriguerinas'. Esta palabra no la hemos encontrado en los diccionarios. Aparece solo en esta página de Internet: http://www.quintanadefuseros.es/forum/viewthread.php?forum_id=18&thread_id=5&rowstart=20
del portal, blog o página web:  http://www.quintanadefuseros.es/news.php



Faustino Parriego (*): La catástrofe de Ribadelago


¡Quien está en tu dolor está contigo!
¡Ribadelago! ¡Sempiterno amigo!


Nueve de enero del cincuenta y nueve,
gravada quedará en nuestra memoria
la página que llevas a la historia.


Gravada, si, Ribadelago, amigo:
quien está en su dolor está contigo.


Día nueve de enero, día aciago
que llenó de aflicción a España entera;
pues cedió la presa de Vega de Tera
y se llevó al pueblo de Ribadelago.


Gravada, si, Ribadelago amigo:
quien está en su dolor está contigo.


La montaña lloró y, bajo su llanto,
la nieve se deshizo bruscamente
y convertida en agua de torrente
a la presa envistió con fuerte impacto.


Gravada, si, Ribadelago, amigo:
quien está en su dolor está contigo.


La presa cedió en un estallido
con raudas cataratas de un infierno,
como lobo salido del averno
que aturde al valle con su ronco aullido,
haciendo víctima de su mortal estrago
al pequeño pueblo de Ribadelago.


Gravada, si, Ribadelago, amigo:
quien está en su dolor está contigo.


La fiera se arrastró en la noche oscura
con todas sus melenas encrespadas,
con millones de furias desatadas,
para sembrar la muerte y la amargura,
tras el zarpazo fatal que hundió en el lago
al sufrido pueblo de Ribadelago.


Gravada, si, Ribadelago, amigo:
quien está en su dolor está contigo.


De aquel fiero torrente despeñado,
la sangre de la sierra, por la herida,
fue cada metro de agua contenida
un caballo salvaje desbocado,
que, una vez de su freno desligado,
sin piedad arrasó a Ribadelago.


Gravada, si, Ribadelago, amigo:
quien está en su dolor está contigo.


Ten confianza, Ribadelago 'ido' (sic),
que España, que por nada se desdora,
muy pronto en su labor reconstructora,
de nuevo te verá reconstruido. (1)


Gravada, si, Ribadelago, amigo:
quien está en su dolor está contigo.


Tan solo tus muertos no volverán:
los que hasta el lago fueron arrastrados
y otros entre los escombros sepultados,
esos... en nuestro recuerdo vivirán.


Gravada, si, Ribadelago, amigo:
quien está en su dolor está contigo.


Hay corazones al dolor abiertos
y hasta nosotros llegan sus latidos
enviando plegarias a los muertos
y frases de consuelo para los vivos.


Gravada, si, Ribadelago, amigo:
quien está en su dolor está contigo.


Fuiste un ala del cuerpo de Zamora
que se desprendió con un gemido;
y mas que nadie con razón llora
pues tu dolor el suyo propio ha sido.


Gravada, si, Ribadelago, amigo:
quien está en su dolor está contigo.


La palma gozarás de los sufridos
que serán por el dolor glorificados;
porque Dios tiene a muchos invitados
pero muy pocos son los elegidos.


Gravada, si, Ribadelago, amigo:
quien está en su dolor está contigo.


Yo quisiera asociar con el acento
valores que el amor solo aquilata,
fundiendo en el dolor que le maltrata
las fuentes donde mana el sentimiento.


Y así será, Ribadelago, amigo,
¡Quien está en tu dolor está contigo!
¡Ribadelago! ¡Sempiterno amigo!

(*) Faustino Parriego, Santa Clara de Avedillo (Zamora), 1960
(1) El pueblo español se solidarizó con Ridadelago. Otra cosa es lo que llegó hasta los supervivientes, a los dannificados..

miércoles, 3 de agosto de 2011

Fiesta del Gallo, 1945: Relación Primera (para Manuel) (*) (1)


I
Con el respeto debido
a autoridad autorizada
permiso por todos pido
para correr endiablado.


¡Oh gallito fascinador
que rebosas tan contento!
llegas lleno de esplendor,
estás, veo, en tu elemento.


Diste la vuelta al molino
solo para ver que pasaba
encontraste a Marcelino
que, entretenido, leía,
pues sin duda esperaba
una novia que tenía
y, al parecer, no llegaba.


Dicen de ese jovenzuelo,
que ya frisa los cuarenta,
que le pusieron un anzuelo,
según por ahí se cuenta.


El pobre tiene una pena,
muy cargada de razón,
por tener buen corazón
no iba a pagar cuenta ajena.


Y si sigues calle abajo,
de defectos en pesquisa,
a ti te hicieron con prisa
y te está mal el trabajo.


Mas como eres insolente
y al trapío llaman trapío,
te embriagas con aguardiente
en el lagar de Serapio.


Como eres un mamarracho
dices mal de quien te abona
y todo se te perdona
por eso de estar borracho.


Dando traspiés, a la fuente
te llegas, y sin aviso,
nos hablas de un paraíso
qque descubres allí enfrente.


Denuestos y maldiciones,
pocos bienes, muchos males,
rugen como los leones
y no son mas que chacales.


Tu que fisgas y maldices
por truán y malhadado,
tocaste con las narices
de ovejas en el guisado.


Mas ya has sufrido un contraste
con las pieles, gran bribón,
pensaste hacer un zurrón,
pero no las encontraste.


Y en tu loco desatino,
entre muchas zarandajas,
sueñas con unas tinajas
rebosantes de buen vino.


Y por temor a empalmar
con un ambiente tan blando,
te trasladaste volando
a otro lado del lugar.

II
Y yendo por la calzada
dijiste a una vieja flor
que para su viejo amor
ya no hay recurso de alzada.


Y le dijiste también
que no aumente su amargura;
que si lo entendía bien...
aun podía tener cura.


Y bajas la calle abajo
y sin cosa mas notable
ves a Paco hecho un contable
y a Polo un novio tan majo.


A quien descubres, traidor,
que en su primera noche
no hizo viaje de amor.
¡Tan frío estaba el motor
que no funcionaba el coche!


Pero a su tía Fortuna...
el secreto que pidió:
(Cantando)
"Y en la noche de luna
el silencio rompió...
de su esposa moruna
y victoria cantó".


No supo, Polo inocente,
librarse de aquel engorro,
pues pudo pedir socorro,
allí cerca, a una serpiente.


Y aquí acaba tu jornada,
no quebrantes la memoria,
que otros seguirán la historia
que tu dejas empezada.


Allá tú con tu conciencia;
yo te juro por quien soy
que a por tu cabeza voy.
Ya habrás hecho penitencia.

(*) Poeta, bardo, vate o coplero: Faustino Parriego, Santa Clara de Avedillo, 1945
(1) Relación proporcionada por el profesor don Angel Parriego y su esposa María Jesús